Seguramente has escuchado hablar de la importancia de la empatía para construir un mundo mejor y es que la empatía cuenta con muy buena prensa y se la ha ganado justamente. Pero… ¿qué pasa cuando te relacionás con una persona que más que un osito cariñoso se parece más al malvado del cuento? ¿De qué nos sirve la empatía con personas abusivas, manipuladoras o narcisistas? Hoy vamos a hablar de cómo no caer en la trampa de la empatía.
Cuando indagamos acerca de la
importancia de las emociones en la evolución, descubrimos que son ellas las que
nos guían cuando afrontamos experiencias de peligro, pérdidas dolorosas,
sostener una meta cuando el contexto es adverso, motivarte para hacer ejercicio,
sostener tus relaciones, cuidar a tu familia y cualquier otra experiencia de tu
vida.
Si bien las emociones son fundamentales para el afrontamiento de nuestras experiencias, la humanidad enfrentó la necesidad de poner límites a los excesos emocionales, o a las consecuencias de dichos excesos; para ello desarrollamos códigos éticos y legales que nos ayudan a limitar nuestras pasiones: el Código de Hammurabi, los Diez mandamientos, los Edictos del emperador Ashoka, los códigos de leyes civiles y penales de cada país, la Declaración universal de los DDHH de la ONU, etc.
La evaluación de cada una de las
experiencias de nuestra vida tiene juicios racionales, así como componentes
emocionales. En la vida cotidiana la mayoría de las personas tenemos más inconvenientes
para conectar con las emociones -las propias y las ajenas- que para conectar
con nuestros juicios racionales. Las emociones rara vez se expresan en palabras
sino por medio de señales más sutiles de comunicación no verbal o paraverbal:
el tono de la voz, el ritmo en que las palabras salen por tu boca, las pequeñas
pausas que haces al hablar, así como los gestos, las microexpresiones de
nuestro rostro, la postura corporal y hasta la manera en que te sientas sobre
la silla. Todo comunica, aun cuando no hayas dicho una palabra.
Recién en 1904 aparece por
primera vez en el Webster Dictionary la palabra empathy, mientras que el
diccionario de la RAE lo haría en 1921. En ambos casos como un derivado del
griego empátheia que se traduce como sentir en o sentir dentro.
Actualmente la RAE define a la
empatía como: Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de
ánimo de otro. La empatía es entonces nuestra capacidad para descifrar esas
señales sutiles que comunican las emociones y comprender profundamente los
estados de ánimo de las personas. Esta comprensión es la base de una vida
social más plena. Esa capacidad para interpretar y comprender las emociones de
los demás se construye sobre la conciencia de uno mismo. Resulta difícil
comprender las emociones de otro cuando ni siquiera indago acerca de mis
propias emociones.
Tomate un momento a solas y
responde:
¿Te incomoda estar a solas?
¿Cómo te llevás con el silencio?
¿Dedicás tiempo de tu vida al autoconocimiento?
Un punto para resaltar es que con
frecuencia se confunde la empatía con la simpatía ya que es una fina línea la
que las separa. Comprender las emociones del otro no implica identificarme con
ellas. Puedo comprender profundamente tu ira y elijo no identificarme ni
aprobarla.
La simpatía tiene pues un
componente de aprobación hacia el otro que nos puede conducir a la
justificación de reacciones emocionales.
De la misma manera es un error
confundir la antipatía que es la distancia y el rechazo automático del otro,
con la ecpatía.
La ecpatía nos permite regular
nuestra distancia con las emociones ajenas cuando sea necesario para limitar
contagio emocional si este pudiese perjudicarnos a nosotros o a un grupo de
personas.
Es en definitiva un control
intencional de la empatía que nos permite autorregularla para no caer en
manipulaciones emocionales.
Es la ecpatía la que nos permite ser
protagonistas de nuestra vida y no convertirnos en víctimas de personas
narcisistas, manipuladores variopintos o grupos coercitivos de diferente
índole. Hay grupos coercitivos de índole religioso, económico, político y hasta
ese grupo de amigos que te presionan a hacer cosas que no tienen que ver con lo
que querés para tu vida. Por ello es importante que aprendamos y enseñemos a
los niños para que puedan expresar su mismidad más allá de la presión externa.
Recordemos que el sistema límbico o lo que es lo mismo: el cerebro emocional es
un sistema abierto, esto es: expuesto a las influencias del entorno; por lo
cual entrenar la ECPATÍA o nuestra capacidad de ponerle un freno a la presión
emocional de ese entorno es fundamental para alcanzar una vida más plena en la
cual podamos expresar nuestra propia identidad.
Uno de los problemas más
recurrentes en cualquier grupo humano en esta era de fuertes dicotomías –o grietas-
es poder alcanzar consensos que sean sostenibles ante problemas que de
resolución compleja y no rutinaria o lineal.
Cuando afrontamos problemas
complejos caemos en el error de crear pseudo consensos, veamos algunos
ejemplos:
- Crear un comité que lo resuelva en nombre de todas
las personas involucradas a quienes con frecuencia ni siquiera se los
consulta.
- Cerrar un acuerdo que será vetado por las personas
que no estuvieron presentes.
- Cerrar un acuerdo por simple mayoría, dejando a los
que se oponen sin voz que como no fueron escuchados no pondrán su energía
en sostener un consenso del que no se sienten parte.
- Acordar lo general y dejar lo particular para que
lo resuelvan los líderes o autoridades dejando a las personas que
necesariamente deberían sostener en consenso fuera del proceso y con
emociones negativas que impedirán sostener la decisión.
Un falso consenso no es un
consenso y aprender a navegar la divergencia de opiniones es fundamental para
alcanzar la convergencia y los compromisos que requieren las soluciones
consensuadas y sostenibles en el tiempo.
Comprender las dinámicas de grupo
implica el balance de la empatía y la ecpatía para alinearlas al propósito, los
valores y los objetivos del grupo.
¿Cuántos proyectos fueron
abandonados por no saber sostener y gestionar las voces divergentes?
Un pseudo consenso no es un
consenso y aprender a navegar la divergencia de opiniones es fundamental para
alcanzar la convergencia y los compromisos que requieren las soluciones
consensuadas.
Comprender las dinámicas de grupo
implica el balance de la empatía y la ecpatía para alinearlas al propósito, los
valores y los objetivos del grupo.
Y vos, ¿Cómo te llevás con la
ecpatía?
Recordá algún momento de tu vida
en que hayas expresado tu mismidad a pesar de la presión emocional del contexto
grupal o de una persona en particular ¿Cómo era poder regular tu empatía para
no ser manipulado o coercionado? Reviví esa experiencia en primera persona y
sentí cómo piensa, qué actitudes tiene y hasta como es la postura corporal de
ese vos ecpático. Sentí en tu cuerpo cómo y dónde se manifiesta esa conexión a
tus valores, tu identidad y a lo que para vos es importante. ¿Cómo y en qué
parte de tu cuerpo se siente más profundamente en tu cuerpo esa conexión que te
permite regular tu empatía?
Respirá llevando toda tu atención
a esa parte de tu cuerpo y con cada inhalación expandí esa sensación en tu
cuerpo. Inhalá y hacé que tu conexión crezca…
Llevá tu mano a esa zona de tu
cuerpo y tocá suavemente tu conexión. Recordá que esa conexión nunca se rompe, aun
cuando el contexto y la presión externa sea intensa, la conexión habita en vos
esperando que recuerdes.
Imaginá ahora una experiencia en
las que el contexto o una persona determinada, quizás tu jefe, un cliente, un
asociado o incluso tu pareja intenta manipularte emocionalmente…respirá
profundamente y recordá esa sensación en tu cuerpo e imaginá cómo respondés
cuidando esa conexión libre de emociones negativas porque estás sosteniendo tus
valores, tu identidad y lo que para vos importa más…
Podés practicar este ejercicio
varias veces para que la ecpatía crezca dentro tuyo.

