viernes, 26 de mayo de 2023

La trampa de la empatía

 Seguramente has escuchado hablar de la importancia de la empatía para construir un mundo mejor y es que la empatía cuenta con muy buena prensa y se la ha ganado justamente. Pero… ¿qué pasa cuando te relacionás con una persona que más que un osito cariñoso se parece más al malvado del cuento? ¿De qué nos sirve la empatía con personas abusivas, manipuladoras o narcisistas? Hoy vamos a hablar de cómo no caer en la trampa de la empatía.

Cuando indagamos acerca de la importancia de las emociones en la evolución, descubrimos que son ellas las que nos guían cuando afrontamos experiencias de peligro, pérdidas dolorosas, sostener una meta cuando el contexto es adverso, motivarte para hacer ejercicio, sostener tus relaciones, cuidar a tu familia y cualquier otra experiencia de tu vida.


Si bien las emociones son fundamentales para el afrontamiento de nuestras experiencias, la humanidad enfrentó la necesidad de poner límites a los excesos emocionales, o a las consecuencias de dichos excesos; para ello desarrollamos códigos éticos y legales que nos ayudan a limitar nuestras pasiones: el Código de Hammurabi, los Diez mandamientos, los Edictos del emperador Ashoka, los códigos de leyes civiles y penales de cada país, la Declaración universal de los DDHH de la ONU, etc.

La evaluación de cada una de las experiencias de nuestra vida tiene juicios racionales, así como componentes emocionales. En la vida cotidiana la mayoría de las personas tenemos más inconvenientes para conectar con las emociones -las propias y las ajenas- que para conectar con nuestros juicios racionales. Las emociones rara vez se expresan en palabras sino por medio de señales más sutiles de comunicación no verbal o paraverbal: el tono de la voz, el ritmo en que las palabras salen por tu boca, las pequeñas pausas que haces al hablar, así como los gestos, las microexpresiones de nuestro rostro, la postura corporal y hasta la manera en que te sientas sobre la silla. Todo comunica, aun cuando no hayas dicho una palabra.

Recién en 1904 aparece por primera vez en el Webster Dictionary la palabra empathy, mientras que el diccionario de la RAE lo haría en 1921. En ambos casos como un derivado del griego empátheia que se traduce como sentir en o sentir dentro.

Actualmente la RAE define a la empatía como: Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro. La empatía es entonces nuestra capacidad para descifrar esas señales sutiles que comunican las emociones y comprender profundamente los estados de ánimo de las personas. Esta comprensión es la base de una vida social más plena. Esa capacidad para interpretar y comprender las emociones de los demás se construye sobre la conciencia de uno mismo. Resulta difícil comprender las emociones de otro cuando ni siquiera indago acerca de mis propias emociones.

Tomate un momento a solas y responde:

¿Te incomoda estar a solas?

¿Cómo te llevás con el silencio?

¿Dedicás tiempo de tu vida al autoconocimiento?

Un punto para resaltar es que con frecuencia se confunde la empatía con la simpatía ya que es una fina línea la que las separa. Comprender las emociones del otro no implica identificarme con ellas. Puedo comprender profundamente tu ira y elijo no identificarme ni aprobarla.

La simpatía tiene pues un componente de aprobación hacia el otro que nos puede conducir a la justificación de reacciones emocionales.

De la misma manera es un error confundir la antipatía que es la distancia y el rechazo automático del otro, con la ecpatía.

La ecpatía nos permite regular nuestra distancia con las emociones ajenas cuando sea necesario para limitar contagio emocional si este pudiese perjudicarnos a nosotros o a un grupo de personas.

Es en definitiva un control intencional de la empatía que nos permite autorregularla para no caer en manipulaciones emocionales.

Es la ecpatía la que nos permite ser protagonistas de nuestra vida y no convertirnos en víctimas de personas narcisistas, manipuladores variopintos o grupos coercitivos de diferente índole. Hay grupos coercitivos de índole religioso, económico, político y hasta ese grupo de amigos que te presionan a hacer cosas que no tienen que ver con lo que querés para tu vida. Por ello es importante que aprendamos y enseñemos a los niños para que puedan expresar su mismidad más allá de la presión externa. Recordemos que el sistema límbico o lo que es lo mismo: el cerebro emocional es un sistema abierto, esto es: expuesto a las influencias del entorno; por lo cual entrenar la ECPATÍA o nuestra capacidad de ponerle un freno a la presión emocional de ese entorno es fundamental para alcanzar una vida más plena en la cual podamos expresar nuestra propia identidad.

Uno de los problemas más recurrentes en cualquier grupo humano en esta era de fuertes dicotomías –o grietas- es poder alcanzar consensos que sean sostenibles ante problemas que de resolución compleja y no rutinaria o lineal.

Cuando afrontamos problemas complejos caemos en el error de crear pseudo consensos, veamos algunos ejemplos:

  • Crear un comité que lo resuelva en nombre de todas las personas involucradas a quienes con frecuencia ni siquiera se los consulta.
  • Cerrar un acuerdo que será vetado por las personas que no estuvieron presentes.
  • Cerrar un acuerdo por simple mayoría, dejando a los que se oponen sin voz que como no fueron escuchados no pondrán su energía en sostener un consenso del que no se sienten parte.
  • Acordar lo general y dejar lo particular para que lo resuelvan los líderes o autoridades dejando a las personas que necesariamente deberían sostener en consenso fuera del proceso y con emociones negativas que impedirán sostener la decisión.

Un falso consenso no es un consenso y aprender a navegar la divergencia de opiniones es fundamental para alcanzar la convergencia y los compromisos que requieren las soluciones consensuadas y sostenibles en el tiempo.

Comprender las dinámicas de grupo implica el balance de la empatía y la ecpatía para alinearlas al propósito, los valores y los objetivos del grupo.

¿Cuántos proyectos fueron abandonados por no saber sostener y gestionar las voces divergentes?

Un pseudo consenso no es un consenso y aprender a navegar la divergencia de opiniones es fundamental para alcanzar la convergencia y los compromisos que requieren las soluciones consensuadas.

Comprender las dinámicas de grupo implica el balance de la empatía y la ecpatía para alinearlas al propósito, los valores y los objetivos del grupo.

Y vos, ¿Cómo te llevás con la ecpatía?

Recordá algún momento de tu vida en que hayas expresado tu mismidad a pesar de la presión emocional del contexto grupal o de una persona en particular ¿Cómo era poder regular tu empatía para no ser manipulado o coercionado? Reviví esa experiencia en primera persona y sentí cómo piensa, qué actitudes tiene y hasta como es la postura corporal de ese vos ecpático. Sentí en tu cuerpo cómo y dónde se manifiesta esa conexión a tus valores, tu identidad y a lo que para vos es importante. ¿Cómo y en qué parte de tu cuerpo se siente más profundamente en tu cuerpo esa conexión que te permite regular tu empatía?

Respirá llevando toda tu atención a esa parte de tu cuerpo y con cada inhalación expandí esa sensación en tu cuerpo. Inhalá y hacé que tu conexión crezca…

Llevá tu mano a esa zona de tu cuerpo y tocá suavemente tu conexión. Recordá que esa conexión nunca se rompe, aun cuando el contexto y la presión externa sea intensa, la conexión habita en vos esperando que recuerdes.

Imaginá ahora una experiencia en las que el contexto o una persona determinada, quizás tu jefe, un cliente, un asociado o incluso tu pareja intenta manipularte emocionalmente…respirá profundamente y recordá esa sensación en tu cuerpo e imaginá cómo respondés cuidando esa conexión libre de emociones negativas porque estás sosteniendo tus valores, tu identidad y lo que para vos importa más…

Podés practicar este ejercicio varias veces para que la ecpatía crezca dentro tuyo.



 *Fragmento de: Cuaderno de Notas 

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